21/8/10

LOS INSECTOS EN BUÑUEL



      "Me gusta la observación de los animales, sobre todo me apasiona la de los insectos, observar sus costumbres. Allí está todo Shakespeare y Sade".

       "Lo que más me ha gustado, me sigue gustando y me sigue pareciendo un misterio extraordinario son los insectos. Puedo ver una mosca durante no sé cuánto tiempo. Y lo que es un escarabajo, me pasaría horas mirándole. No lo entiendo. Para mí es el misterio de la vida. Lo incomprensible. Lo que está más allá".

      "Empecé leyendo los maravillosos libros de Fabre. He adorado sus "Recuerdos entomológicos", por la pasión de la observación, por el amor sin límites al ser vivo. Durante mucho tiempo dije que solamente me llevaría ese libro a una isla desierta".

      Estos son algunos breves comentarios del genio de Calanda incluídos en su libro de memorias "Mi último suspiro" (Plaza & Janés, 1982) del que aprovecho su última frase, pues vendría a colación, para ahondar en el mismo hecho de los pocos libros imprescindibles para mí, como éste de la autobiografía de Buñuel, una verdadera maravilla, por mucho que se haya dicho de él que contiene determinadas medio verdades o descaradas mentiras dado el amor a ficcionar la realidad del realizador aragonés.

      Como recuerda su biógrafo, Agustín Sánchez Vidal, refiriéndose al interés entomológico de Buñuel: "...Es fácil entender lo que supondría la lectura de Fabre, gracias a la edición en cinco tomos que llevó a cabo Espasa Calpe en 1920. Le fascinó hasta el punto de abandonar su carrera de Ingeniero Agrónomo y decidirse a estudiar Ciencias Naturales. Para ello no tenía más que cruzar el canalillo que bordeaba la Residencia de Estudiantes y acceder al Museo de Historia Natural que se alzaba al lado, donde se ponía bajo la tutela del entomólogo Ignacio Bolivar, con el que compartiría el exilio mexicano, y que se había convertido en un reputado especialista en ortópteros tras publicar en 1900 un exhaustivo catálogo de la Península Ibérica".

      Por todo ello, no es de extrañar que Buñuel dijera, por ejemplo, que había estudiado al protagonista de "Él" "...como a un insecto, como si de un mosquito anófeles se tratara".

      Y aquí un trasvase de pasión a pasión, con algunas referencias visuales y entomológicas de su cine:




         Acherontia atropos (Lepidoptera) en "Un perro andaluz / Un chien andalou" (1929)


      Las famosas hormigas que pululan por la mano del actor Pierre Batcheff en "Un perro andaluz" habían sido transportadas desde España al rodaje francés.
      Fue el mismo Buñuel quien las solicitó, "...porque las francesas eran tontas y no servían" debido tanto a su considerable tamaño: "...Yo conocía la Sierra de Guadarrama, donde había unas hormigas de cabeza roja, muy gordas, que saldrían muy bien en un primer plano..." como también a su fortaleza, capaz de soportar bien el largo viaje: "...se lo pedí a un amigo, Maynard, y éste las encargó a Velo, quien me las envió a París en un pedazo de tronco podrido y dentro de una lata".
         Carlos Velo (1) era por entonces un joven estudiante de Biología, apasionado por la Entomología. La versión que ofrece Velo del episodio difiere a medias de la de Buñuel: "Coincidí en el laboratorio del Museo de Ciencias Naturales con Maynard, profesor de Histología, quien sabiendo que mi especialidad eran los insectos sociales, me pidió: "Tengo un compromiso muy grande, pues debo mandar unas hormigas vivas a París" "Pero, ¿qué hormigas?", le pregunté. "La hormiga roja del Guadarrama, la Formica rufa". "Bueno ¡qué tontería! -contesté- en las Landas francesas está la Formica rufa; también en los alrededores de París, en el mismo Bois de Boulogne...". "No, no, es que las pide Luis Buñuel...". Esas hormigas fueron recogidas por mí en la Sierra de Guadarrama y metidas de una forma especial en un saco para que se conservasen húmedas en las mismas hojas de los pinos y luego entregadas a Maynard, quien se las envió a Buñuel. Yo no sabía ni para qué eran... Cuando conocí en persona a Buñuel y se lo conté, le hizo una gracia enorme".
      Aunque Buñuel admitía no conocer ningún entomólogo en Francia por entonces, el trabajo con las hormigas en el set corrió a cargo de Jean Painlevé, (2) convertido por el realizador en "Jefe manipulador de hormigas".
   

                              Hormigas (¿Formica rufa? : Hymenoptera) en "Un chien andalou" (1929)

(1) Carlos Velo (1909 - 1988), cineasta español, biólogo de formación, conoció a Buñuel en la presentación madrileña de La edad de oro. Desde entonces, sus trayectorias siguieron caminos tan sinuosos como paralelos.

(2) Jean Painlevé (1902 - 1989). Natural de Francia. También biólogo de formación, está considerado un pionero y renovador del cine científico, que acercó al gran público, y del documental como cine de vanguardia.



Escena final de "Un perro andaluz" (1929) y confusa presencia de saltamontes, libélulas y otros insectos sobre y junto a la pareja protagonista enterrada en la arena de la playa.




Blaps sp. (Coleoptera, Tenebrionidae) en "La edad de oro / L'Âge d'Or" (1930)



        Abejas (Hymenoptera) sobre un burro moribundo en "Las Hurdes / Tierra sin pan" (1933)




                                Saltamontes (Orthoptera) en "Susana (Demonio y carne)" (1950)




Preparando un ejemplar de Attacus atlas (Lepidoptera) en "Abismos de pasión" (1953)





Larvas de hormiga león (Neuroptera, Myrmeleontidae) en la mano del protagonista de "Robinson Crusoe (Las aventuras de Robinson Crusoe)" (1954)


Saltamontes (Orthoptera) en la secuencia final de "Ensayo de un crimen / La vida criminal de Archibaldo de la Cruz" (1955)



Vanessa atalanta (Lepidoptera) en un momento de "Diario de una camarera" (Le journal d'une femme de chambre, 1964)



         Mosca (Diptera) paseando la mano del estilita en  "Simón del desierto" (1965)




Cucarachas (Blattodea) cayendo sobre el teclado de un piano en "El discreto encanto de la burguesía" (Le charme discret de la bourgeoisie, 1972)